Ella estaba sentada en una silla alta, ante un plato de sopa que le llevaba a la altura de los ojos. Tenía la nariz fruncida y los dientes apretados y los brazos cruzados. La madre pidió auxilio:
— Cuéntale un cuento, Onelio —pidió—. Cuéntale, tú que eres escritor.
Y Onelio Jorge Cardoso, esgrimiendo una cucharada de sopa, comenzó su relato:
— Había una vez una pajarita que no quería comer la comidita. La pajarita tenía el piquito cerradito, cerradito, y la mamita le decía: «Te vas a quedar enanita, pajarita, si no comes la comidita». Pero la pajarita no hacía caso a la mamita y no abría su piquito…
Y entonces la niña lo interrumpió:
— Qué pajarita de mierdita —opinó…
Eduardo Galeano, El libro de los abrazos, 1989
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